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DECLARACION DE PAZ IPC

DECLARACIÓN DE LA IGLESIA PRESBITERIANA A FAVOR DE LA PAZ
El fruto de la justicia será la paz. Isaías 32:17

 

1. La presencia de Presbiterianos en Colombia, se remonta a los tiempos de Simón Bolívar, quien pidió a Gran Bretaña que lo apoyara en la lucha por la independencia de España, llamado que fue respondido afirmativamente enviando la Legión Británica. Entre los soldados que llegaron estaba el Coronel James Fraser, casado con una nieta del General Santander quienes se quedaron a vivir en el País en la población de Salazar de las Palmas, ubicado en el norte de Santander; allí se realizó por primera vez en el país un trabajo ecuménico, entre un sacerdote católico y un presbiteriano, (el coronel Fraser,) cooperaron para introducir y sembrar café en nuestro país, demostraron una actitud de tolerancia y paz entre credos.

 

 

2. El primer misionero de la Iglesia Presbiteriana, Henry Barrington Pratt, llegó a Colombia en el año de 1856 y desde entonces hemos hecho presencia en diferentes partes del territorio nacional, dando testimonio del amor de Dios, a través de la Iglesia y la creación de los Colegios Americanos en varias ciudades siendo pioneros en la educación mixta.

 

3. Como una minoría religiosa hemos vivido las diferentes etapas y conflictos históricos por las que ha atravesado nuestra nación, pasando por padecer la persecución religiosa y la intolerancia hasta llegar a la convivencia pacífica con otros Credos como fue reconocido por la Constitución de 1991. Expresamos esta realidad no con el ánimo de encender las pasiones o acusar y resaltar culpables sino como una descripción de la realidad vivida. Estas experiencias nos han permitido aprender el difícil proceso de La Paz, el Perdón y la Reconciliación, que es nuestro aporte a la Paz en medio del pueblo colombiano.

 

4. Nuestro gran propósito es ser reconciliadores en esta sociedad de enemistades profundas (Efesios 2:14-16) entre los que han tenido el poder por siglos y los que sufren las consecuencias de la exclusión social. Sabemos que es un camino largo no excento de dificultades pero tenemos ese glorioso ministerio y en él no estamos solos. Sabemos que no habrá verdadera reconciliación si no existen procesos: de perdón (Mateo 18:21-22) entre enemigos, búsqueda cuidadosa de la verdad (Salmo 85:11), aplicación de justicia restaurativa (Gálatas 6:1) y reparación de las grandes heridas ocasionas por más de 50 años de conflicto armado. Debemos aprender sobre la actuación de Jesús frente a la violencia y a la injusticia para optar por salidas no violentas al conflicto. Como seguidores de Jesús no podemos escoger otro camino que no sea el de la PAZ. La Paz "sostenible" que va de la mano con la “Justicia Restaurativa”. Los desplazados y víctimas deben ser restaurados e incorporados a su forma de vida tal como lo hizo Calvino 500 años atrás con los miles de desplazados que llegaron a Ginebra, en una labor del Diaconado de la Iglesia.

 

5. Como Cristianos Reformados somos responsables de dar testimonio de Cristo, sabemos que la conversión del corazón de los colombianos, es en última instancia, obra del Espíritu Santo. Oramos para que ese Espíritu sople en nuestra Patria trayendo cambios profundos en la mentalidad de los violentos y transformando por su gracia este hermoso país en un lugar donde sea posible la convivencia, la inclusión, la equidad, el pleno desarrollo de las potencialidades creadoras de todos por una vida digna.

 

6. Las iglesias y las organizaciones de la sociedad civil podemos trabajar juntas con el gobierno en la búsqueda de alternativas de solución, frente a la situación de violencia, conflicto, crisis política y social de Colombia, evidenciada en los efectos nefastos sobre la población y reseñados por los diferentes medios de comunicación del país.

 

7. Aspiramos que los diálogos entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército Popular (FARC-EP) continúen a pesar de los impases presentados en los últimos meses y de los resultados electorales.

 

8. En este contexto hacemos un llamado pastoral a las partes involucradas en el conflicto armado a llegar a acuerdos que impliquen en principio el cese bilateral de acciones de guerra en beneficio de la población civil en general, que es la primera víctima del conflicto.

 

9. Requerimos a organismos internacionales de protección, agencias de iglesias, iglesias participes del movimiento ecuménico y todas las que aman la paz, a que apoyen los esfuerzos que se están haciendo para lograr este propósito en Colombia y a involucrarse en la posterior aplicación de los acuerdos de Cese del Conflicto Armado como asesores, alentadores y veedores del proceso.

 

10. Solicitamos al Gobierno Nacional en Cabeza del Presidente, que ponga especial atención en la actual coyuntura política para evitar responder con la fuerza a reclamaciones provenientes de diferentes sectores de la ciudadanía: campesinos, maestros, ambientalistas, transportadores, estudiantes.

 

11. Instamos a todas las personas, líderes políticos, partidos, y representantes de la sociedad civil, iglesias, a desarmar los espíritus y a participar en los espacios de diálogo para la construcción de una paz verdadera y duradera.

 

Bienaventurados los que procuran la paz, serán llamados hijos de Dios. Mateo 5:9


IGLESIA PRESBITERIANA DE COLOMBIA Barranquilla junio 5 de 2014

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