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MOMENTOS DE TURBULENCIAS

moderador2012Hermanos y hermanas permítame expresarles un saludo fraterno en el marco de nuestra Asamblea General de Sínodo de IPC, expresar agradecimientos al Presbiterio de la Costa Norte por facilitar sus instalaciones para ser posible esta asamblea.

Es motivo de alegría el hecho de encontrarnos reunidos y reunidas para dilucidar en relación con el proyecto que Dios ha colocado en nuestras manos para hacerlo realidad en este mundo.

Vivimos tiempos  con demasiadas turbulencias en el campo político, económico y social, que se evidencian en fraude en los procesos electorales, aumento de la parapolítica, derrocamiento de funcionarios elegidos popularmente (caso de Bogotá) por la oligarquía bogotana, el deterioro ambiental cada vez mayor por las acciones indiscriminadas de las trasnacionales, en el marco  dela locomotora de la minería del gobierno Santo,  hoy es evidente mostrar la alta destrucción ambiental como   en el caso de Casanare, donde más de 20 mil animales han muerto por la excesiva sequía, producto de la explotación ganadera, la minería y el cambio del cauce de los ríos.


El problema del desplazamiento forzado que se ha convertido en una estrategia de los poderosos, para despojar al campesino humilde de sus tierras y dejarlos en la pobreza, el abandono, con la mirada cómplice del Estado.


Las marchas campesinas cada día se acentúan más y pareciera no tener solución. Colombia ha sido históricamente agrario. Durante mucho tiempo la economía del país ha dependido en gran parte de la producción agrícola. Paralelo a esto, los grandes terratenientes han acumulado su capital con base en la explotación de los campesinos, que se han visto convertido en arrendatarios, aparceros, peones, campesinos desempleados, desplazados sin tierras.


Las consecuencias de los tratados de libre comercio (TLC) han aparecido como una de las causas centrales que impulsaron a los campesinos y campesinas a reconocerse como actores y actoras, y a poner su agenda ante el Estado y la sociedad colombiana.


Que decir de los altos índices de violencia contra la mujer, cada 6 horas una mujer colombiana es abusada por causa del conflicto armado y un promedio de 245 son víctimas de algún tipo de violencia, hasta el primero de noviembre de 2013 las mujeres representan el 84.9 % de las víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado colombiano.


Por otro lado en el vecino país Venezuela, nuestros hermanos y hermanas viven una lucha fratricida, los medios de comunicación encargados de informar de manera oportuna y veraz, no están cumpliendo con su función de informar, porque a diarios nos presentan lo que ellos quieren que oigamos y veamos.


Ante tanta turbulencia, caos, incertidumbre y desolación, en donde lo que hoy es mañana deja de ser, ante el insistente clamor de los sufren y la vara que va y viene de sus verdugos.


Qué estamos haciendo como iglesia?

 

A que estamos llamados y llamadas?,
 Qué podemos hacer para allanar los obstáculos que nos impiden ver y actuar en favor de la realidad que nos circunda,  para ayudar a transformarla?


Estamos llamados y llamadas a ser sal y luz en este mundo, a caminar en medio de la oscuridad, con la luz de esa lámpara que es lumbrera en el camino.


Es preciso que en este contexto turbulento, la voz de la iglesia sea audible, que su misión profética se materialice en hechos concretos, denunciando todo acto contra la vida plena, toda injusticia, todo proceder que atente contra la tranquilidad y bienestar de la ´población más vulnerable.


Pero para que la voz de la iglesia sea oída, la iglesia se debe ganar el derecho de ser oída,.. de seguro que el mundo no nos oirá sino ve en nosotros hechos de justicia, de paz y amor. Esto de alguna manera nos tiene que mover a mirarnos hacia dentro, para después poder mirar hacia afuera, como dice el texto bíblico en mateo 7:5 ¡hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.


La iglesia también vive su propia turbulencia, nos llegan vientos fuertes, olas gigantescas que nos quitan la tranquilidad, pero tenemos en cuenta que Dios nos ha llamado, congregados e iluminados por su Espíritu Santo, para que participemos mutuamente de los dones que nos ha dado:

 

  • Condolencia y compasión para las personas que sufren.
  • Paz y reconciliación para los que están en conflictos.
  • Esperanza para los que no esperan que cambie nada.
  • Justicia y equidad para la gente oprimida
  • Orientación y ayuda para la gente que lo han perdido todo.

El texto de apocalipsis promete que habrá una salida pacifica para los afanes y turbulencias de este mundo.


El caos creado por las políticas de los gobiernos, que destruyen y que matan, será transformado en un mundo de paz y orden, donde gobiernen las personas apacibles y donde lo recto, lo sano sea cosa normal.


El evangelio de Lucas, presenta a Juan el Bautista, clamando en el desierto invitando a preparar el camino del Señor y   enderezar las sendas, con una gran esperanza:
Todo valle será rellenado, y todo monte y colina será nivelado. Los caminos torcidos serán enderezados, las sendas dispares serán allanadas, y todos verán la salvación de Dios.


Estamos desafiados y desafiadas a clamar también, por que cesen las turbulencias políticas, económicas y sociales. Y que la podamos responder al mundo, como Jesús a los mensajeros de Juan el Bautista:

  • Los desplazados han vuelto a sus tierras de origen.
  • Los campesinos tienen mejores condiciones de vida.
  • La violencia contra la mujer ha cesado.
  • El hombre vive de manera armónica con la naturaleza.
  • Todas las personas tienen acceso a la educación, el empleo, la salud y a una vivienda digna.
  • Amen.
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